¡Qué grís está la ciudad!
Su gente cenicienta viene y va,
sin preocuparse demasiado...
Se ven, pero no se miran.
Se rozan, pero no se sienten.
Se hablan, pero no se entienden.
Yo los observo desde mi rincón,
siento lastima por ellos;
no te tienen a tí,
que llenas mi mundo de magia,
alejas los fantasmas,
rompes la rutina.
¡Qué grís está la ciudad
y toda la gente que hay en ella!
les sonrío al pasar
y me siento ligeramente tan distinta a ellos,
porque eres mio,
porque te pertenezco,
porque nos tenemos.
4 de julio de 2008
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